Tengo un nuevo crush en el gimnasio.
No sabemos el nombre, la nacionalidad, ni su estado civil; pero sí sabemos que tiene una escayola en el brazo derecho (¿o izquierdo?... no estoy segura ... habrá que seguir el curso de la investigación)
Lo he visto varias veces por mi barrio, pasea su perro blanco y usa unas gafas grandes; y yo pienso que no cualquiera puede llevar unas gafas grandes.
Como tiene un brazo inhabilitado, lo veo siempre haciendo piernas: prensa, cuádriceps, abductores.
El otro día se golpeó sin querer (¿sin querer?) con mi máquina y le pedí perdón mirándolo muy rápidamente porque me parecía todo muy obvio (de lo más cinematográfico que me había pasado hace rato)
Cuando subí a la piscina de arriba lo vi meterse al agua y me divirtió meterme de nuevo en la peli donde yo elegía una tumbona enfrente suyo para que, entre página y página de mi malísimo libro de Murakami, pudiera echarle un ojo a él.
No pasó nada, pero hacía mucho que no me divertía con el sentimiento de tener un crush platónico.
Es que al final la fantasía nos hace calentar la sangre.
Y también puede motivarnos a ponerle más peso a nuestras búlgaras.
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